Potencial terapéutico de los Cannabinoides

Potencial terapéutico de los cannabinoides

El Tetrahidrocannabinol (THC) ha sido el foco principal de la investigación del cannabis desde 1964 cuando Raphael Mechoulam lo aisló y sintetizó.
Recientemente las contribuciones sinergísticas del Cannabidiol (CBD) a la farmacología y analgesia del cannabis han sido científicamente demostradas.
Otros fitocannabinoides como la Tetrahidrocannabivarina (THCV), Cannabigerol (CBG), Cannabicromeno (CBC), ejercen efectos adicionales de
interés terapéutico.
La terapia con cannabinoides puede ser personalizada para atender las particularidades de cada Sistema Cannabinoide Endógeno (SCE).

Estas moléculas podrían ser de utilidad en el tratamiento de diversos cuadros dolorosos, ya que sabemos que los cannabinoides son buenos analgésicos, especialmente para el dolor crónico. Esto es consecuencia de la presencia de receptores CB1 en las regiones que participan en el control de la nocicepción, tanto a nivel espinal como a nivel supraespinal. Existe además una intensa interacción entre la transmisión endocannabinoide y la opiodérgica, incluso se han demostrado efectos sinérgicos, lo que ha llevado a sugerir que los cannabinoides podrían ser utilizados para reducir las dosis de morfina en tratamientos de dolor crónico, sin merma del efecto analgésico pero con una notable reducción del potencial adictivo del opiáceo. Asimismo son efectivos en cáncer y sida: gracias a su efecto antiemético y su capacidad de incrementar el apetito, los cannabinoides se están utilizando para reducir las náuseas y el vómito en pacientes con cáncer que son tratados con antineoplásicos, o para reducir la caquexia en pacientes con sida que mantienen de forma crónica tratamientos con compuestos antirretrovirales. Ambos efectos parece que tienen que ver con la activación de receptores CB1 presentes en regiones cerebrales, que participan en el control de la emesis y el apetito.

Aplicaciones terapéuticas de los cannabinoides

El Cannabis (Cannabis sativa L.) se ha empleado en la medicina desde hace al menos cinco mil años. Sin embargo, la utilización clínica de esta planta y sus componentes activos se encuentra hoy en una etapa temprana en su investigación. En la actualidad se permite en algunos países la prescripción de Cannabis y algunos de sus derivados para estimular el apetito e inhibir las náuseas y el vómito en pacientes de sida o cáncer tratados crónicamente con agentes quimioterapéuticos. De esta forma se puede impedir la pérdida de peso asociada a la quimioterapia, sin duda uno de los efectos más negativos de ella y que conduce a muchos pacientes a abandonarla.

Entre otros usos clínicos potenciales de los cannabinoides, cuyo estudio se encuentra en fase III de ensayos clínicos, podríamos destacar el tratamiento del dolor oncológico y neuropático con THC y cannabidiol (CBD), tratamiento del dolor neuropático asociado a la esclerosis múltiple, los trastornos del movimiento (espasmos y temblores) asociados a enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple y la recuperación de los traumatismos craneoencefálicos Existen además otras posibilidades terapéuticas de los cannabinoides que aún se hallan en fases I y/o II de ensayos clínicos o en fases preclínicas. Se sabe que los cannabinoides inhiben el crecimiento de determinadas células cancerosas, lo que podría hacer de ellos agentes antitumorales.

Efectos secundarios de los cannabinoides en el contexto de su aplicación clínica

Los cannabinoides son sustancias bastante seguras. No se han descrito casos de muerte por intoxicación aguda en humanos, y las dosis letales medias son prácticamente imposibles de calcular. La dependencia a cannabinoides observada en algunos modelos animales no parece ser fácilmente extrapolable a humanos que consumen cannabis o sus derivados.

Existen asimismo datos que muestran que los cannabinoides no poseen efectos tóxicos generalizados; es más, en algunos casos se ha descrito que los cannabinoides podrían proteger a las neuronas frente al daño producido por agentes oxidantes, isquemia y ciertos neurotóxicos.

A pesar de todo ello, el uso de los cannabinoides en medicina está principalmente dificultado por los potenciales efectos psicoactivos del cannabinoide Delta 9 Tetrahidrocannabinol (THC) que pueden resultar indeseados para ciertos pacientes, el THC en dosis mayores a 5mg puede causar una caída súbita en la presión arterial lo cual podría producir mareo moderado, vómito, taquicardia y ansiedad.

Aunque dichos efectos secundarios están dentro de los márgenes aceptados para otros medicamentos, pueden tener en casos concretos una vertiente positiva (relajación, conciliación del sueño, buen humor) y tienden a desaparecer tras su administración prolongada (proceso que se conoce como tolerancia), está claro que al menos para determinados pacientes y patologías sería deseable diseñar cannabinoides que carecieran de acciones psicotrópicas. Puesto que estas dependen de los receptores CB1 del cerebro, la opción más lógica es evitar la activación de estos receptores. Así, se está intentando diseñar compuestos que se unan selectivamente al receptor CB2, compuestos que no atraviesen la barrera hematoencefálica y por tanto no alcancen el cerebro, vías de administración local y controlada fuera del cerebro, y regímenes de tratamiento (dosis, ciclos) que optimicen los beneficios terapéuticos y minimicen los efectos secundarios. Los próximos años serán sin duda testigos de grandes avances en este terreno.

La comunidad científica se encuentra hoy en día en un punto en el cual se ha acumulado un conocimiento relativamente alto de cómo actúan molecularmente los cannabinoides en el organismo y de cuáles pueden ser algunas de sus aplicaciones terapéuticas más inmediatas. Sin embargo, es necesario llevar a cabo una investigación básica más profunda y ensayos clínicos más exhaustivos. Este artículo pretende ser un reclamo para atraer la atención de investigadores básicos y clínicos a este apasionante tema.